Psicología online, ¿cómo es?

Consultas online

Hace poco me he decidido a ofrecer consultas a distancia mediante el programa Skype. Con este sistema, dos usuarios de este programa pueden iniciar una videollamada de forma gratuita, siempre que dispongan de ordenador, conexión a internet y webcam.

Las nuevas tecnologías hacen posible atender a personas que, de otro modo, nunca podrían llegar a nuestra consulta por motivos geográficos y de distancia, o por cualquier otra razón.

Puede parecer que la atención psicológica es algo que solo puede hacerse en persona, estando frente a frente con el cliente. No obstante, he comprobado que las consultas a distancia no solo son posibles y beneficiosas, sino que nos permiten hacer cosas que nunca podríamos hacer en una consulta tradicional.

La primera ventaja es la disponibilidad. Muchas personas querrían acudir a un psicólogo pero no pueden por motivos de distancia. Pensamos, por ejemplo, en todos los españoles o hispanohablantes que viven lejos de mi consulta. Muchas de estas personas querrían consultar a un psicólogo pero viven en sitios donde la sanidad pública no contempla este servicio, o donde los psicólogos privados cobran tarifas altísimas que no pueden pagar. ¿La solución? Iniciar una terapia vía telemática.

Es falso que la terapia a distancia sea inferior a la terapia personal. Con la ayuda de la videoconferencia podemos vernos y oírnos a distancia. De esta forma no se pierden los matices del lenguaje no verbal, gestos, entonaciones, miradas, sonrisas, etc.

Otra de las ventajas es la libertad de horarios. Muchas personas no logran encajar una visita al psicólogo en su agenda. En estos casos, puede organizarse una consulta a distancia en un horario en el que normalmente ningún profesional pasa consulta. O dividir la consulta en dos partes, sin que la persona pierda tiempo en desplazamientos innecesarios, ni pierda tiempo de consulta.

Hay una ventaja muy grande para el psicólogo, y es que puede ver lo que hace la persona en su propia casa o lugar de trabajo. Me explico. A veces es necesario saber cómo organiza la persona su vida cuando está en casa, qué hace y cómo lo hace. Con una webcam podemos ver a la persona en su «hábitat natural», pudiendo evaluar su comportamiento directamente. Por ejemplo, podríamos ver cómo estudian los niños, cómo juegan con sus hermanos, o cómo los padres les toman la lección en vivo y en directo, como si estuviésemos realmente allí.

Es cierto que las tele-terapias no sustituirán a la relación personal con un cliente, pero en ocasiones pueden ser una herramienta muy útil y tan válida como acudir en persona a la consulta del psicólogo.

Comunicarnos mejor: los estilos de comunicación

Cada uno de nosotros nos comunicamos con los demás de una forma determinada. Tenemos nuestra forma de hablar, de mirar, nuestras expresiones, etc. A este conjunto de características se le llama estilo de comunicación. Básicamente hay tres estilos de comunicación: el estilo pasivo en un extremo, el agresivo en el opuesto, y el estilo asertivo en un punto intermedio. Nadie emplea únicamente uno de los estilos. Dependiendo de la situación, de cómo nos sintamos o de con quién estemos hablando cambiaremos a uno u otro estilo. Por ejemplo, muchas personas usan en su casa un estilo muy agresivo, atacando a los demás y sin respetar a nadie; pero en su trabajo, pueden ser perfectamente capaces de manejar el estilo asertivo, o incluso pasivo (¡llega el jefe!).

Estilo pasivo

Se caracteriza por la sumisión a los demás y la no expresión de las propias ideas y opiniones. Las personas pasivas respetan los derechos y las opiniones de los demás, pero no saben defender las suyas propias.

Pasividad

¿Cómo hablan? En voz bajita, de forma poco fluida y con frecuentes bloqueos o tartamudeos, suelen vacilar, usan muletillas, no levantan la voz. Estas características se acentúan cuando hablan con alguien que les intimida o que perciben como «superior» a ellos.

¿Cómo piensan? Suelen tener sensaciones de no ser tenidos en cuenta ni escuchados, lo cual parece lógico. También quieren evitar molestar a toda costa; no saben que pueden defender sus derechos y a la vez respetar los de los demás, y para ellos cualquier intento de hacerlo es «molestar». «No importa lo que yo quiera o piense; importa lo que tu pienses».

¿Cuáles son sus sentimientos? Lógicamente, tendrán frecuentes sentimientos de impotencia, baja autoestima, sentimientos de culpa, ansiedad, frustración, dificultad para reconocer sus propios sentimientos (aunque se sientan enfadados, no lo admitirán ante otros ni ante sí mismos)

¿Qué consecuencias tiene este estilo? Las personas sumisas no pueden relacionarse con los demás de igual a igual. Lo más frecuente es que las demás personas se sientan culpables por estar «abusando» de la persona sumisa o se sientan en deuda con ella; también es probable que otras personas se aprovechen de ella, sobre todo las que tienen un estilo agresivo.

Estilo agresivo

Es completamente opuesto al estilo pasivo. El agresivo siente que solo sus opiniones importan y que solo él tiene derechos, sin que le importen los de los demás.

Agresividad

¿Cómo hablan? Hablan en tono alto, intimidando, tajante. Interrumpen frecuentemente a los demás, no dejan expresar otras opiniones, usan con frecuencia insultos, amenazas y descalificaciones. Cuando no tienen argumentos, que suele ser casi siempre, recurren al insulto personal. Su postura es tensa, con expresión retadora.

¿Cómo piensan? «Solo importa lo que yo quiera y piense». Se sienten vulnerables o inferiores cuando no recurren a su habitual agresividad. De hecho, tienden a ver a los demás como «inferiores/superiores» a ellos, sin ser capaces de establecer relaciones de igualdad. Siempre piensan en ganar – perder, y desean tener razón a toda costa (lo cual les lleva a enzarzarse en discusiones absurdas sin ninguna utilidad).

¿Cuáles son sus sentimientos? Al contrario de lo que sugiere su agresividad, es frecuente que su autoestima sea baja y recurran a la agresión porque no conocen otros métodos. Suelen sentir ansiedad, culpa y frustración en sus relaciones con los demás. Suelen sentir que pierden el control de las conversaciones, lo cual les lleva a mayores enfados para tratar de recuperar el control.

¿Qué consecuencias tiene este estilo? Como es de esperar, los agresivos suelen ser rechazados por las demás personas. Con frecuencia sus enfados se van extendiendo cada vez más, afectando a más personas. Cuando se encuentran con otras personas agresivas, entran en un círculo vicioso cada vez más agresivo y con más gritos. Hay que tener en cuenta que las personas que usan este estilo no tienen por qué ser agresivas realmente ni recurrir a la violencia física. De hecho, como hemos dicho, es frecuente que estas personas se sientan muy inseguras y de alguna forma lo «compensen» así.

Hay quien distingue otro estilo llamado pasivo-agresivo, que sería una mezcla de los dos anteriores. Una persona pasivo-agresiva se mostrará callada y sumisa, pero se guardará dentro de sí muchísimos enfados, ira y resentimiento. Utilizan técnicas como la manipulación, el engaño, los rumores y el chantaje afectivo para conseguir sus fines, probablemente por no tener las habilidades necesarias para resolver las cosas de otra manera.

Estilo asertivo

La persona asertiva conoce sus derechos y es capaz tanto de defenderlos como de respetar los de los demás.

Asertividad

¿Cómo hablan? Hablan con una voz segura y tranquila, sin muletillas ni bloqueos. Están relajados. Pueden hablar de todo tipo de sentimientos (positivos y negativos), de sus gustos y opiniones, etc. Sabe decir «no», aceptar errores, pedir favores, negar favores, argumentar, pedir aclaraciones…

¿Cómo piensan? Saben que existen los derechos asertivos, que se aplican a todas las personas sin distinción. Sus opiniones y argumentos suelen basarse en lo racional. No piensan en términos de «ganar o perder». No necesitan tener razón a toda costa.

¿Cuáles son sus sentimientos? Su autoestima es buena, no se sienten inferiores ni superiores a los demás. Se respetan a sí mismos y, por tanto, a los demás. Sienten que tienen el control de sus relaciones, que son ellos quienes toman sus propias decisiones. También sienten que tienen el control de lo que dicen y de cómo lo dicen, sin llegar a grandes enfados y sin que abusen de ellos. Saben distinguir entre atacar a una idea y atacar a una persona (diferencian entre no estar de acuerdo con alguien e insultar a ese alguien).

¿Qué consecuencias tiene este estilo? El estilo asertivo nos permite enfrentarnos a casi cualquier ataque o discusión. La persona asertiva suele ser vista como «buena, pero no tonta» por los demás. Sabe hacer que los demás se sientan escuchados y comprendidos, y puede hablar de casi cualquier cosa con cualquier persona sin agredirla o hacerle daño. Pueden no estar de acuerdo contigo y explicártelo adecuadamente.

¿En cuál de estos estilos os incluiríais?

¡Felices Fiestas!

Feliz 2014 Maxi Costales

Un cuento sobre rumores

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La siguiente historia aparece en el libro Gente Tóxica de Bernardo Stamateas. Ilustra, con un toque de humor, cómo se propagan los rumores:

Del director general al gerente: «El viernes próximo, alrededor de las 5:00PM, aparecerá el Cometa Halley en esta zona. Se trata de un evento que ocurre cada 78 años; por favor, reúna a los trabajadores en el patio de la fábrica con cascos de seguridad, que allí les explicaré el fenómeno. Si estuviera lloviendo no podremos ver este raro espectáculo a ojo descubierto. En tal caso, todos deben dirigirse al comedor donde se exhibirá un documental sobre el Cometa Halley.»

Del gerente al director de recursos humanos: «Por orden del Director General, el viernes a las 5 de la tarde aparecerá sobre la fábrica, si llueve, el Cometa Halley. Reúna a todo el personal con cascos de seguridad y llévelos al comedor, donde tendrá lugar un raro fenómeno que sucede cada 78 años a ojo desnudo.»

Del director de recursos humanos al jefe de personal: «A solicitud del Director General, el científico Halley, de 78 años de edad, aparecerá desnudo en el comedor de la fábrica el próximo viernes a las 5 de la tarde, usando casco de seguridad; pues será presentado un documental sobre el problema de la lluvia y el director hará la demostración en el patio de la fábrica.»

Del jefe de personal al jefe de turno: «El viernes a las 5:00 pm. el director, por primera vez en 78 años, aparecerá en el comedor, para filmar el documental «Halley Desnudo», junto al famoso científico y su equipo. Todos deben presentarse con cascos de seguridad, porque el documental tratará sobre la seguridad en condiciones de lluvia.»

Del jefe de turno al jefe de brigada: «Todo el mundo, sin excepción, debe presentarse desnudo con los zapatos de seguridad de la fábrica, en el patio de la misma, este viernes a las 5:00 pm. El director vendrá acompañado de Halley, un artista muy famoso y de su grupo, que mostrará el documental «Bailando bajo la lluvia». En caso de que llueva de verdad, hay que ir al comedor usando cascos de seguridad. Esto ocurre cada 78 años.»

Aviso en el mural: «El viernes cumple 78 años el Director General, por lo cual se libera a todo el mundo para la fiesta que tendrá lugar en el comedor a las 5:00 pm, con el grupo Halley y sus Cometas. Todos deben ir en cueros y usando zapatos de seguridad porque lloverá y se va a formar una tremenda fiesta en el patio de la fábrica.»

Comunicarnos mejor: ¿qué es la asertividad?

La asertividad es la capacidad de expresar y defender nuestras propias ideas respetando los derechos de los demás.

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La asertividad es una forma de comunicarse, de expresarse, casi una manera de ver el mundo. Cuando somos asertivos estamos respetando a los otros, pero también estamos respetándonos a nosotros mismos. La persona asertiva no pretende tener razón, no trata de imponerse a los demás, no domina ni se deja dominar por otros.

Características del estilo de comunicación asertivo:

Conducta no verbal: conducta y gestos relajados, tono de voz fluido y no muy elevado, habla fluida, manos sueltas, postura firme, dirigiéndose directamente a la otra persona.

Conducta verbal: utiliza mucho los mensajes en primera persona (quiero, siento, me gustaría, quisiera, opino), suele decir las cosas en positivo y evita usar mucho el «no», pregunta opiniones, evita hablar de cosas generales y se centra en los problemas concretos.

Qué consigue: resuelve los problemas concretos, se siente cómodo, hace que los demás se sientan escuchados, siente que tiene el control de sus actos y se siente a gusto, consigue que todos salgan ganando o al menos se acerca a la mejor solución para todos.

Se asume que todas las personas tenemos una serie de derechos asertivos, que podemos defender mientras respetamos los de los demás. Los derechos asertivos son:

  • El derecho a ser tratados con respeto y con dignidad.
  • Derecho a expresar los sentimientos y opiniones propios.
  • Derecho a ser escuchado y tomado en serio.
  • El derecho a tomar mis propias decisiones y, por tarno, el derecho a equivocarme y cometer errores. Esto incluye el derecho a decidir no ser asertivo.
  • El derecho a decir NO, libremente y sin sentir culpabilidad.
  • El derecho a pedir cosas. De acuerdo con el punto anterior, la otra persona tiene perfecto derecho a decir NO.
  • El derecho a cambiar.
  • Derecho a ser informado adecuadamente.
  • Derecho a obtener aquello por lo que pagué.
  • El derecho a ser independiente.
  • El derecho a tener éxito, a disfrutar y a pasármelo bien.
  • El derecho a mi descanso y aislamiento, si así lo deseo.
  • El derecho a superarme y a hacer cosas mejor que los demás.

Las personas que pueden defender estos derechos y, a la vez, respetar los de los demás, son personas asertivas. Como puede imaginarse, la asertividad nos evita innumerables problemas en nuestras relaciones con los demás. Hay ámbitos en los que la falta de asertividad produce muchas tensiones y sufrimientos, como las parejas, las familias o en nuestro trabajo. Un primer paso para conseguir ser asertivos es comprobar si respetamos los derechos anteriormente mencionados. Si muchos de ellos nos suenan a chino o no estamos de acuerdo con ellos (por ejemplo, muchas personas creen que no tienen derecho a negarse a nada o no piensan que la gente pueda cambiar de opinión), entonces seguramente no estemos comunicándonos con un estilo asertivo. ¿Qué opináis? ¿Creéis que sois asertivos o no?

En el próximo artículo explicaré cuales son los diferentes estilos de comunicación, así como las consecuencias de cada uno de ellos.

Comunicarnos mejor: cómo recibir una crítica

Maxi Costales aceptar críticas

Pocas cosas aterran más al hombre del siglo XXI que ser criticado. Odiamos que alguien no esté de acuerdo con nosotros, que nos diga que hemos hecho algo mal, que expresen una opinión contraria a la nuestra. ¿Por qué este temor irracional? Al fin y al cabo, no somos perfectos (ni tampoco los demás) y es un poco absurdo pensar que todo el mundo va a pensar como nosotros (¿por qué, entonces, no pensar nosotros como ellos?).

Cuando alguien nos critica y nos sentimos mal, es porque se ponen en marcha una serie de mecanismos mentales de los que casi no somos conscientes. Como casi todas las creencias irracionales, el temor a la crítica es involuntario y casi instantáneo. Ni siquiera sabemos por qué nos enfadamos; solo sabemos que no nos gusta que esa persona nos diga que hemos hecho algo mal, aunque sea alguien completamente desconocido o la crítica sea totalmente inocente. Nadie se para a preguntarse,

  • ¿realmente me importa que esta persona me diga que no está de acuerdo o me critique?
  • ¿tiene derecho esta persona a criticarme?
  • ¿es justificada su crítica, o es simplemente por molestar?
  • ¿tendrá razón? (esto no lo piensa nadie, claro)

Y otras preguntas por el estilo. Si nos parásemos unos segundos a reflexionar sobre estas preguntas, bueno… probablemente las críticas no nos resultarían tan terribles.

¿Qué hacer para afrontar las críticas? Hacerse las preguntas anteriores puede ayudar a no sentirnos mal. También hay que tener en cuenta que cualquier persona tiene derecho a mostrar opiniones diferentes a la nuestra, y eso incluye criticarnos (siempre que no sea un insulto, claro). Por lo tanto, lo ideal no es que los demás no nos critiquen, sino que nosotros mismos sepamos afrontar las críticas. Para ello podemos seguir los siguientes pasos:

1. Tratar de mantener la serenidad, conservar la calma y hablar en un tono tranquilo. ¡No pasa nada, solo es una crítica!

2. Pedir detalles. Esto es muy importante. Hay que aclarar qué es exactamente lo que ha molestado a la otra persona, cuál es su queja. Si no sabemos por qué nos critican, no podremos responder a la crítica en ningún caso. Para esto podemos usar preguntas de aclaración: «¿qué es exactamente lo que te parece mal?», «¿qué es lo que he hecho mal, según tú?», «¿a qué te refieres?», etc. Estas preguntas son muy útiles cuando nos hacen una crítica malintencionada o genérica, por ejemplo: «¡eres un desastre!». ¿Cómo vamos a responder a una crítica tan general? En cambio, si le pedimos a esa persona que nos diga exactamente de qué se queja, probablemente la pongamos en un pequeño aprieto… En este artículo hablo más sobre la importancia de aclarar lo que nos dicen.

3. Podemos hacer un pequeño resumen de la crítica, para asegurarnos de que estamos de acuerdo. Por ejemplo, «o sea que lo que te pareció mal es que no haya fregado los baños esta mañana».

4. Podemos estar de acuerdo con la crítica, o no estarlo. Si estamos de acuerdo, lo diremos. Si no estamos de acuerdo, siempre podemos decirle a la persona que está en su derecho de expresar sus opiniones, pero por desgracia nosotros pensamos de otra forma.

5. Pedir disculpas.

6. Preguntar, si es posible, qué podemos hacer para compensar nuestro error. «¿Qué podría hacer para reparar lo que he hecho?», «quisiera poder hacer algo para solucionarlo»…

De esta forma nos aseguramos de saber exactamente qué quiere la persona que nos critica y mostramos nuestra voluntad de reparar lo que hemos hecho mal. ¿Por qué no probáis a usar este sistema ante la próxima crítica que os hagan?

Comunicarnos mejor: aclarar las cosas

Maxi Costales - Comunicación

En esta serie de pequeños artículos sobre cómo comunicarnos mejor abordaré algunos métodos y trucos para comunicarnos de forma más eficaz con los demás. Para empezar querría tratar un tema muy importante y muy útil: aclarar las cosas.

No confundamos esto con «decir las cosas claras». Muchas personas se expresan con mucha claridad y es difícil que las malinterpretemos. Otras hablan de una manera más rebuscada y muchas veces pueden llevarnos a equívocos. La mayoría de nosotros estamos en algún punto medio: solemos expresarnos con claridad, pero a veces nos malinterpretan.

Lo primero es aclarar que siempre habrá malentendidos. El lenguaje humano es tan rico y variado que es inevitable que a veces se produzcan confusiones o que la otra persona entienda algo diferente a lo que queríamos decir. También nosotros podemos equivocarnos al escuchar a alguien hablar. Un malentendido es una discrepancia entre lo que se quiso decir y lo que finalmente percibió la otra persona.

Cuando en la comunicación nos falta información o entendemos lo que no debemos, se producen riñas, malestar y todo tipo de situaciones desagradables. Imaginemos, por ejemplo, que nuestro amigo nos dice «¿me prestas dinero?». Es fácil que nos sintamos violentos, molestos o pensemos que quieren aprovecharse de nosotros. Puede que nuestros pensamientos sean algo así: «ya está otra vez pidiéndome prestado… ¡ni que fuera un banco! Seguro que tarda en devolvérmelo, o no me lo devuelve, y puede que yo necesite ese dinero…». Etcétera. En este caso estamos sobreentendiendo varias cosas: que nuestro amigo nos pide mucho dinero, que no va a devolvérnoslo… Pero ¿y si preguntamos y aclaramos las cosas? Basta con preguntar cuánto dinero necesita nuestro amigo y cuándo piensa devolvérnoslo. De esta forma tendremos toda la información necesaria para juzgar si queremos dejárselo o no.

Es muy frecuente dar por sentado lo que pensamos que el otro quiere decirnos. Lógicamente, nadie puede meterse en la mente de los demás para saber lo que piensan o desea, por lo que la forma de aclararlo es preguntar. Yo siempre recomiendo preguntar, una y otra vez, hasta que las cosas queden muy claras. Sobre todo si la otra persona nos está diciendo algo muy vago y poco específico. Por ejemplo: «eres un desastre». Esta frase no significa gran cosa, pero podemos preguntar «¿a qué te refieres exactamente?» para saber qué es lo que entiende la otra persona por «ser un desastre».

Ejemplos de preguntas de aclaración:

  • ¿A qué te refieres exactamente?
  • ¿Qué es lo que hecho que te ha sentado mal?
  • No te entiendo, ¿podrías volver a explicarme qué es lo que quieres que haga?
  • Explícame otra vez dónde vamos, por favor.
  • ¿Qué días exactamente quieres que vaya a buscarte al trabajo?

Finalmente, podemos resumir lo que la otra persona nos está diciendo para asegurarnos de que hemos comprendido perfectamente. Por ejemplo: es decir, si lo entiendo bien tú quieres que te deje dinero para el autobús porque estás sin cartera y me lo devuelves el martes en clase, ¿no?

Los malentendidos causan muchísimos problemas en algunos ámbitos, como las empresas y las parejas. La próxima vez, prueba a preguntar.

¿Pensamientos positivos o pensamientos realistas?

Tener pensamientos positivos está muy de moda. Todo parece más fácil si uno piensa positivamente. Los problemas se hacen más pequeños, las soluciones parecen al alcance de la mano y el mundo parece, en general, un lugar mejor. ¿O no?

Quiero que el lector tenga muy claro que yo no tengo absolutamente nada en contra del llamado pensamiento positivo. Al contrario, lo recomiendo y defiendo sus ventajas.

De todas formas, a veces yo prefiero hablar de pensamientos realistas. ¿Cuál es la diferencia? Desde mi punto de vista, a veces los pensamientos positivos no son lo más adecuado para afrontar los problemas. Si Manoli sale de su casa repitiéndose que es una persona maravillosa, querida por todos y muy carismática, seguramente su autoestima esté por las nubes. Pero, ¿y si Manoli no es, después de todo, tan maravillosa y amable como ella misma cree? Tal vez vaya a la carnicería y acabe gritándole al charcutero. Quizás pierda los estribos cada vez que su hijo hace alguna trastada y acabe regañándole a gritos. En definitiva, puede que los pensamientos positivos de Manoli sean muy beneficiosos para su ego, pero desde luego no se ajustan a lo que ella hace cada día en la vida real.

¿Qué hacer? Sencillo: tratemos de ser realistas. Un pensamiento realista es aquel que se adapta a la realidad, sin exagerarla, sin caer en generalizaciones. Un pensamiento realista nos ayuda a conocer nuestras virtudes y nuestros defectos, y lo más importante: nos permite buscar soluciones reales a nuestros problemas. El pensamiento positivo, por sí solo, tal vez no nos ayude a enfrentarnos a nuestros problemas; el pensamiento realista, sí. Decir «soy un desastre» es generalizar y no es realista. Decir «he hecho tal cosa mal» sí lo es.

En el ejemplo anterior, Manoli bien podría sustituir sus pensamientos de «soy estupenda y carismática, pero el charcutero es un idiota», por otro tipo de pensamiento. Por ejemplo: «por lo general soy cariñosa y amable, pero pierdo enseguida los estribos cuando se me contradice. Por ejemplo, si me dan mal la vuelta en una tienda o si mi hijo arma alguna trastada. Por lo tanto, podría intentar controlarme mejor en esas situaciones». El pensamiento realista ayuda a Manoli a conocer sus defectos (se enfada con facilidad si le contradicen), sus virtudes (es, por lo general, bondadosa) y las posibles soluciones (intentar hacer algo con su genio).

¿Cómo pensáis que podríais cambiar vuestros pensamientos para adaptarlos mejor a la realidad?

La epidemia del desempleo y sus consecuencias

Ayer se han dado a conocer las conclusiones de un estudio liderado por el experto en salud pública Michael Marmot por encargo de la OMS. El estudio fue dado a conocer en un simposio sobre salud pública celebrado en Londres. Marmot es experto en estudiar los efectos sobre la salud de los factories sociales (desempleo, educación, clases sociales, etc).

El equipo que realizó el estudio ha criticado muchas de las políticas de austeridad que actualmente están tomando los países de toda Europa. Entre otras cosas, el estudio abordaba el gravísimo problema de desempleo presente en muchos de estos países, haciendo hincapié en dos aspectos: el desempleo juvenil y la precariedad laboral.

El desempleo juvenil supera en España el 52%. Es decir, 52 de cada 100 jóvenes que quieren trabajar no pueden hacerlo. Los efectos que el desempleo forzado tiene para una persona joven son graves, y pueden llegar a ser devastadores si se extienden durante meses o años. Entre los efectos más destacados están la pérdida de autoestima, la depresión, la ausencia de motivaciones para seguir y la falta de expectativas y esperanzas. También, como el propio Marmot añadió luego, están los problemas derivados de no tener trabajo: un parado tendrá más problemas para pagar su vivienda o su alimentación, por lo que es más probable que viva, duerma y coma peor. También dispone de menos recursos para realizar determinadas actividades sociales, emprender proyectos o negocios, o dedicarse a actividades gratificantes. Uno de los fenómenos que más afecta a la salud mental de numerosos parados es el tener que volver a casa de sus padres o no poder salir de ella. Se produce así una situación que merma la calidad de vida de todos los implicados, causando gravísimos problemas familiares y personales.

En resumen, la falta de trabajo merma notablemente la calidad de vida de las personas. En España, aunque tenemos una de las esperanzas de vida más altas del mundo, se están empezando a notar los efectos del desempleo. Los suicidios entre personas jóvenes han aumentado más de un 11% desde el comienzo de la crisis en toda Europa. Cabe preguntarse qué otros efectos veremos en el futuro. Michael Marmot dijo en una ocasión (refiriéndose a Reino Unido) que «el desempleo juvenil es una bomba de relojería para el sistema sanitario y social».

La inestabilidad laboral se perfila como otra de las grandes causas de infelicidad y de trastornos psicológicos. Los sueldos bajísimos, los horarios ilegales y abusivos, la falta de contratos estables o el exceso de trabajo son causa directa de depresiones, ansiedad y otros trastornos. Al final, estos trastornos acaban costando miles de millones en bajas por enfermedad y en abstinencia laboral, además del gran sufrimiento que causan a quien los padece.

El equipo de Marmot propone algunas soluciones, y todas ellas pasan por un mayor compromiso por parte de los gobiernos para mejorar la calidad de vida, la integración y la estabilidad laboral de la población. Justo lo contrario de lo que todos están haciendo ahora mismo.

Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo

Es fácil dejar de fumar

Allen Carr fue durante treinta y pico años un fumador empedernido, de tres cajetillas diarias. Allá por los años ochenta dejó de fumar. Según él mismo cuenta, lo hizo sin esfuerzo, disfrutando de la experiencia, sin usar milagros y sin creer en ellos. Carr murió hace unos años, precisamente de cáncer de pulmón; él mismo comentó que, si bien era difícil saber si su enfermedad era el resultado de sus años como fumador, de no haberlo dejado ya llevaría décadas muerto.

Es fácil dejar de fumar es todo un best-seller. La primera edición apareció en los ochenta y desde entonces se han vendido millones de ejemplares. A día de hoy está considerada una obra clásica para aquellos que desean dejarlo o, como es mi caso, desean ayudar a otros a dejarlo.

Personalmente desconfío de los súper-éxitos literarios, y más cuando tratan un tema tan complejo como el tabaquismo. Me acerqué al libro con cierto escepticismo, casi esperándome que Carr presentase algún tipo de método milagroso que, en mi experiencia, no suele funcionar.

Pero no. Estaba equivocado. Carr recomienda al lector que siga fumando hasta haber terminado totalmente la lectura del libro. Lo que hace es una deconstrucción de las ideas que el fumador tiene acerca de su adicción. Comienza, precisamente, dejando claro que fumar es una drogadicción, exactamente igual que la adicción a la heroína, pero mucho más letal por la cantidad de sufrimientos, enfermedades y muertes que causa. A lo largo del libro trata varias ideas erróneas que los fumadores suelen tener sobre el tabaco, como por ejemplo:

– «el tabaco me ayuda a relajarme y a concentrarme»

– «me gusta el sabor del tabaco»

– «disfruto fumando»

– «dejaré de fumar cuando sea un buen momento, ahora no lo es porque…»

– «puedo dejarlo cuando quiera, puedo controlar mi consumo»

– «llegará el día en que no tenga ganas de fumar y, simplemente, lo deje».

Estas ideas y otras parecidas autoengañan al fumador, que las usa como justificación de su adicción o como excusa para posponer el abandono del hábito. Este tipo de pensamientos hacen que abandonar el tabaco sea muy difícil. Carr lo tiene muy claro: la adicción al tabaco, como cualquier otra, siempre va a más y nunca disminuye. Esperar a que, milagrosamente, un día nos despertemos sin ganas de seguir fumando es una ingenuidad. Justo al contrario de lo que yo pensaba, Carr afirma que no existen ese tipo de milagros.

Es fácil dejar de fumar va desmontando esas barreras psicológicas que construyen los fumadores y que hacen tan difícil dejar esta peligrosa adicción. Uno tiene que leer el libro despacio, comprendiendo y asimiliando todos los conceptos que se explican, y sobre todo aplicándolos a su propia situación.

¿Dejará usted de fumar si lee este libro? Probablemente no, a no ser que realmente desee dejarlo. Una persona que no esté convencida no lo dejará. Por el contrario, una persona motivada y convencida de querer convertirse en no fumador encontrará en este libro una ayuda psicológica muy útil. Un buen psicólogo podría ayudarle en su decisión de dejar de fumar para aumentar las posibilidades de éxito y acompañarle a lo largo del proceso de convertirse en un no fumador.