El derecho a no tener una opinión

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Los medios de comunicación han puesto casi toda la información del mundo al alcance de cualquiera de sus habitantes. La televisión, la radio, los periódicos y, muy particularmente, internet, nos permiten conocer en tiempo real casi cualquier suceso. Esto, que tiene sus ventajas, tiene una consecuencia muy peculiar: parece obligarnos a tener una opinión sobre dichos sucesos.

No cabe duda de que todos tenemos una opinión sobre lo que vemos y escuchamos, que normalmente corresponderá con nuestra forma de ver e interpretar el mundo. Según la R.A.E., una opinión es un «dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable.» Pero ¿no es necesario disponer de algo más de información para poder emitir un juicio? En innumerables ocasiones he visto a gente indignarse amargamente con solo leer el titular de un periódico o escuchar un breve resumen de una noticia en el telediario. La opinión se convierte así en una reacción visceral, irracional, que no se basa en la razón sino en los sentimientos. La opinión pasa a ser enfado, indignación, irritación… Deberíamos distinguir entre opinión y sentimiento.

Muy pocas veces tendremos la suficiente información sobre algo para formarnos una opinión racional y bien informada. Por esto mismo, a veces ver el telediario se convierte en una receta segura para pillarse un buen enfado.

Es perfectamente posible no tener una opinión sobre determinados temas, en especial cuando no tenemos datos suficientes para juzgar (como suele ser habitual). Entiendo que hay temas que provocan la indignación inmediata de quien los escucha. Pero ¿nos sirve esto para ser más felices? ¿Podemos arreglar algo con nuestro enfado? ¿Estamos formándonos una opinión razonable o simplemente nos estamos dejando llevar emocionalmente por la noticia en cuestión?

Ojo con nuestras reacciones ante el telediario de turno: tenemos perfecto derecho a no tener una opinión sobre algo. Y, de hecho, a veces es lo recomendable.

Cinta aislante para padres

Si tuviera que resumir este libro en una frase diría algo así: propone una serie de estrategias para que los padres abandonen los agobios del día a día y se centren en lo que quieren conseguir con sus hijos a largo plazo.

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Vicki Hoefle, «educadora profesional de padres», nos ofrece un libro ameno y, desde mi particular punto de vista, extremadamente interesante. Desde luego, aquellos que crean que ser padre es regañar y conducir a sus hijos continuamente no deberían leerlo. Aquí se proponen multitud de ideas que a un padre tradicional le resultarían, como mínimo, chocantes.

¿Con quién te apetece cooperar? ¿Con alguien que siempre está dándote órdenes o con alguien que confía en ti y te respeta? El libro propone justamente eso: dejar de atosigar, de controlar y de ordenar lo que hacen nuestros hijos para dar paso a una forma de ser padre más tolerante, más abierta, con más perspectiva. ¿Realmente es tan importante que mi hijo lave ese plato ahora mismo? ¿Pasa algo si se ha caído un poco de pasta de dientes? ¿Alguien se acordará de eso dentro de diez años? No, pero seguramente sí nos acordaremos del ambiente opresivo y controlador que había en casa. ¿Es así como queremos que nos recuerden o como padres sensatos, tolerantes y capaces de confiar en nuestros hijos?

Por supuesto, esto es más fácil decirlo que hacerlo. Con técnicas muy parecidas a las que pueden verse en una consulta cuando se trabaja con familias, la autora propone cambiar nuestra forma de pensar para cambiar así nuestra forma de actuar. Una de los conceptos curiosos que introduce es el de «técnicas de la tirita». Una técnica de tirita será regañar a nuestro hijo cuando hace algo mal. Seguramente esto solo sirva para enfadarnos todos y acabar con una bronca; puede solventar el problema en el momento, pero no sirve a largo plazo. En cambio, si creamos un ambiente propicio para que nuestro hijo vaya siendo poco a poco responsable de lo que hace y aprenda a controlar sus propias acciones, seguramente lo tendremos que reñir mucho menos. Las técnicas de la tirita son reñir, ordenar, controlar, acudir al rescate de nuestro hijo cuando comete un error…

Hoefle nos propone algunas ideas más, que seguramente espantarán a los padres de la vieja escuela:

– ir dando cada vez más responsabilidd al niño;

– dejar que se equivoquen, que fracasen y que cometan errores;

– perder el miedo a que «sin mí, mis hijos se harán unos salvajes totales»;

– no acudir al rescate de los hijos, no sacarles una y otra vez las castañas del fuego…

Repito: es más fácil decirlo que hacerlo. La autora nos propone una serie de estrategia para que la vida en familia no se convierta en un tira y afloja de veinticuatro horas de duración. Un libro interesante, que incluye muchoas de los consejos que yo mismo daría a padres desesperados, con ideas aplicables a la vida real.

Por cierto, el título se refiere a la cinta aislante que los padres, mentalmente, deberían ponerse en la boca cada vez que sientan deseos de corregir, ordenar o controlar a sus hijos.

La OMS informa sobre la epidemia mundial de tabaquismo

La OMS ha publicado su último informe acerca del prioblema mundial de salud que supone el tabaquismo. El consumo de tabaco es la principal causa de muerte evitable en el mundo, provocando más de seis millones de muertes al año en el mundo.

Desde 2008 se han venido tomando una serie de medidas para tratar de controlar o reducir el consumo de tabaco entre la población.

  • Controlar y vigilar el consumo de tabaco y las políticas de prevención.
  • Proteger a la población del humo de tabaco (a través de la creación de espacios libres de humo).
  • Ofrecer a la población ayuda para dejar de fumar.
  • Advertir a la población de los peligros del tabaco.
  • Hacer cumplir las prohibiciones sobre publicidad, promoción y patrocinio del tabaco.
  • Aumentar los impuestos del tabaco.

Estas medidas se van implementando cada vez en más países y con ellas se ha conseguido reducir tanto el número de fumadores como la cantidad consumida. Y, por tanto, la cantidad de enfermos y fallecidos. De todas formas, aún queda un largo trecho por recorrer, ya que habría que tomar medidas coordinadas a nivel mundial para reducir y, en la medida de lo posible, eliminar esta epidemia.

Un buen profesional de la psicología puede intervenir en algunas de las medidas mencionadas por la OMS. Especialmente interesante resulta la propuesta de «ofrecer ayuda a la población para dejar de fumar». A día de hoy, los psicólogos disponemos de varias herramientas que pueden ayudar a un fumador a dejar su hábito con éxito. Los programas de Reducción Gradual de Nicotina, por ejemplo, están entre los más empleados y los que tienen unas tasas de éxito mayores. A nivel social, los psicólogos pueden ayudar concienciando a la población de los peligros del tabaco y, sobre todo, educando para prevenir el consumo: saber decir que no, saber decidir por nosotros mismos, poder rechazar ese primer cigarro, encontrar alternativas al tabaco, etc.

SI bien las noticias son mejores que otros años, aún queda una larga lucha contra el tabaco.

Fuentes:

http://www.who.int/tobacco/global_report/2013/summary/en/index.html

http://www.infocop.es/view_article.asp?id=4711&cat=44

Ayudarse a sí mismo: una psicoterapia mediante la razón

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Excelente libro de Lucien Auger. Publicado originariamente en 1974, no ha perdido ni un ápice de su utilidad a pesar de los años transcurridos.

El libro es un recorrido a traves de los grandes enemigos de nuestro bienestar psicológico: los pensamientos irracionales. Ideas como «tengo que triunfar a toda costa», «el mundo debería ser de tal modo» o «soy un fracasado por no haber logrado lo que me proponía», se introducen una y otra vez en nuestro modo de pensar causándonos malestar, tristeza y mucha ansiedad.

A lo largo del libro, Auger nos pone ejemplos de pacientes dominados por sus ideas irracionales y, por supuesto, nos propone un método para enfrentarnos a ellas: la confrontación. La confrontación es un proceso que nos permite comparar nuestras ideas irracionales con la realidad y comprobar si, efectivamente, todo es tan horrendo y terrible como pensamos. ¿De verdad es tan terrible que no consiga superar ese exámen? ¿Es realmente espantoso que no logre la atención de la chica que me gusta? Y así, poco a poco, la persona puede desmontar ella misma esos pensamientos que tanto sufrimiento le causan.

Tomemos el ejemplo de una de sus pacientes, Isabel, cuyo novio se había negado a salir con ella un sábado. Auger le pregunta:

– Tomemos tu primera frase. Tú te dijiste: esto es demasiado injusto. Bien, yo te pregunto: ¿quién dice que eso es demasiado injusto? ¿Dónde está la prueba real de que eso es demasiado injusto?

– Son cosas que no se prueban. Eso es así para mí.

– Si no se prueban, como dices, ¿por qué las crees? ¿Me vas a decir que es demasiado injusto porque tú lo afirmas?

– Sí, es demasiado injusto porque porque yo lo digo, porque yo lo veo así.

– ¡Pero vamos a ver, Isabel! Una cosa no es necesariamente verdadera porque tú afirmes que lo es. La nieve seguirá siendo blanca aun cuando tú digas que es roja. El hierro es duro aunque tú creas que es blando. Una cosa no es necesariamente injusta porque tú digas que lo es. Es algo que no es sensato. Una definición nunca ha probado nada.

– Y entonces, ¿qué es?

– Para que la negativa de Juan Pedro a salir contigo el sábado fuera injusta, haría falta que él no tuviera el derecho a negarse. Pues bien, ¿tenía derecho o no?

– ¡Por supuesto! ¡Tiene derecho a hacer lo que quiera, y que le lleven los diablos!…

Isabel empezaba a comprender que lo que ella había calificado como demasiado injusto era, en realidad, algo que podía resultarle molesto a ella, pero solo era terrible si ella creía que era terrible.

Auger nos explica con multitud de ejemplos y «trucos» como detectar esas ideas irracionales y poco realistas para poder, poco a poco, ir desmontándolas. El lector puede probar a detectar las ideas irracionales que alberga en su interior. ¡Y le aseguro que encontrará unas cuantas!

Las ideas que propone Ayudarse a sí mismo son muy utilizadas por los psicólogos de tipo cognitivo-conductual, como yo mismo, y puedo asegurar que el método funciona. Es frecuente que sea el psicólogo el primero en animar a la persona a detectar esas ideas y el primero en intentar rebatirlas. Posteriormente, la propia persona puede hacerlo ella misma.

Ayudarse a sí mismo: una psicoterapia mediante la razón, de Lucien Auger, editorial Sal Terrae, 1987.