Hablaba yo el otro día sobre el valor de lo que decimos (antes de seguir leyendo te aconsejo echarle un ojo a la primera parte aquí). Hoy reflexionaré un poco sobre algunos trucos para mejorar nuestra capacidad comunicativa y hacernos entender mejor.

La mayor parte del tiempo nos comunicamos muy mal. No es porque seamos tontos. El lenguaje es una herramienta muy potente, pero nos empeñamos en usarla mal, en situaciones muy complicadas y de maneras muy poco eficaces. Todo el mundo sabe hablar, pero no todos sabemos hacernos entender. Y lo curioso es que para aprender a comunicarnos mejor no hace falta tener estudios o ser muy inteligente: basta con seguir una serie de estrategias o “trucos” muy sencillos. Algunas personas usan estas estrategias de forma natural, pero a la mayoría nos cuesta más, simplemente porque siempre hemos hablado de una determinada forma y no nos molestamos en cambiar.

Busca el momento adecuado para decir las cosas. Conozco una pareja que, por falta de tiempo, habla de temas importantes mientras el chico va conduciendo. Error. Él no se entera de la mitad de las cosas que ella le dice, porque ¡está conduciendo! Está atento a las señales, a los coches, a la carretera. No le queda atención para dedicar a lo que le dice su mujer. Ella seguramente sabe hablar muy bien, pero lo que dice se está perdiendo por no decirlo en un momento más adecuado. Elige un momento tranquilo, donde la otra persona pueda dedicarte su atención. Puede ser en casa, en una cafetería tranquila o en la calle, paseando. Evita hablar en situaciones de preocupación o donde haya otras cosas que os distraigan.

Elimina las distracciones. ¡Apaga la tele! Nadie puede atender a otra persona mientras la televisión está encendida. No nos damos cuenta, pero es muy difícil atender a alguien mientras la tele da noticias o emite anuncios. Apágala y tendrás la atención de la otra persona (pero pregunta antes). Lo mismo puede aplicarse a los móviles, internet, la radio, la aspiradora…

Pide la atención de la otra persona. “Hablemos de cómo vamos a planificar esta semana, ¿podemos hacerlo ahora?”. Una sencilla frase como esta puede indicarle a la otra persona que vamos a hablar de algo importante y que solicitamos que nos atienda. No esperes que los demás van a ser todo oídos solo porque has decidido empezar a hablar. Anúncialo. Si no pueden atenderte en ese momento, pregunta cuándo. No importa esperar un poco más.

¡No grites! Vamos a ver. No dejo de encontrarme personas que, en su casa, se dicen las cosas vociferando de una a otra habitación. ¿Tantísimo cuesta dar tres pasos y acercarnos? Cuando nos dicen algo gritando, nuestra primera reacción es contestar a gritos, aunque no estemos enfadados. Los gritos nos alteran y dificultan muchísimo la comunicación. Si no eres capaz de hacer el esfuerzo de caminar cinco metros para decirle algo a la persona de la otra habitación, entonces mereces que ni siquiera te conteste: si tú no te molestas en acercarte es que no le das mucha importancia, y por tanto la otra persona tampoco debería dársela. Algo tan sencillo como esto resolverá muchísimos problemas. ¿Y qué hago si en casa me hablan siempre así? Muy sencillo: no contestes hasta que se tomen la molestia de acercarse y hablar contigo cara a cara.

Sé breve. No des rodeos ni explicaciones innecesarias. Simplemente piensa lo que quieres transmitir y dilo. Si quieres decir que no vas a ir al cine el viernes de noche, no empieces a hablar de tu economía y de lo mucho que te gustaría ir, pero…. bla, bla, bla. Prueba a decir, simplemente, “la verdad es que no me apetece ir al cine este viernes”. Cuantas menos palabras, mejor comunicación y menor probabilidad de malentendidos. Las personas más inteligentes no son las que usan palabras rimbombantes o hablan mucho, son las que pueden decir cosas complejas con palabras simples.

Asegúrate de que te han entendido. Es como cuando en las películas el grupo dice “repasemos el plan” y vuelven a repetiro todo (mientras alguno de ellos se queja). Pregunta si todo está claro y, si hace falta, pide que te lo repitan si no es algo muy largo. Por ejemplo: “¿todo claro?”, o “¿tienes claro donde tienes que comprar los billetes?”, o “esto es importante, así que quiero que lo tengamos claro, ¿puedes repetirme a qué hora hemos quedado?”. Haciendo esto te aseguras de que te han entendido y captado tu mensaje, y no tendrás que repetirlo cuarenta veces en el futuro.

Hay muchos más trucos para comunicarnos. Yo solo he planteado alguno. ¿Hay alguna otra cosa que te sirva para comunicarte mejor con los demás?

Y un poco de humor:

Maxi Costales Psicólogo Avilés

 

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Acerca de Maxi

Psicólogo General Sanitario. Consulta privada.

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