¿Por qué un diamante, o una pepita de oro, son tan valiosos? ¿Crees que es porque hay muchos y todo el mundo puede tenerlos? No. Es justamente por lo contrario: porque son escasos, encontrarlos requiere mucho trabajo y por tanto son muy apreciados. Su escasez es lo que hace que los diamantes y el oro seran tan valiosos. Si hubiese tantos diamantes como vulgares piedras, no tendrían ningún valor.

Psicólogo Avilés niños

Lo mismo ocurre con las palabras. Los seres humanos somos seres con una gran necesidad de comunicarnos, y para ello usamos la palabra. Por desgracia, ¡no sabemos cuando callarnos! Muchas personas seguramente estén diciendo alguna cosa interesante pero, como no se callan, lo interesante pierde su sentido y se pierde entre tanta palabrería. Cuanto más repitamos las cosas, menos valor tendrán. ¿Recuerdas el cuento de Pedro y el lobo? De tanto repetir que venía el lobo, Pedro consiguió que el valor de su palabra fuese tan escaso como para que sus vecinos no le hiciesen ni caso cuando el animal finalmente se presentó de verdad.

Es muy frecuente, sobre todo en el campo familiar y en las parejas, ver a personas que no se hacen ni caso unas a otras. Se han acostumbrado tanto a oir las mismas cosas que se han vuelto sordas a amenazas, súplicas, órdenes y quejas. Por supuesto, la otra parte no entiende por qué, a pesar de haber dicho un millón de veces que va a castigar a su hijo, este sigue haciendo la misma trastada una y otra vez. ¿No será, justamente, por haberlo dicho un millón de veces? Ejemplos:

No paro de decirle a mi hijo que le voy a quitar la consola si sigue usando el móvil en la mesa.

No soporto que mi novio fume. Le tengo dicho mil veces que lo deje o le dejo yo a él, y nada.

Le tengo dicho a mis hijos que si siguen con sus broncas me va a dar un ataque.

Mi novia parece que pasa de mí. Cada vez que le cuento algo de lo que me hace mi jefe ni me escucha. Y eso que llevo años contándole lo mal que me va en el trabajo.

¿Notáis algo en común en todos estos ejemplos? Efectivamente: lo que dicen estas personas ha perdido todo su valor a fuerza de repetirlo. ¿Quién va a hacer caso de una amenaza de castigo si ya la ha escuchado mil veces sin que nunca pase nada? ¿Quién va a creerse que Fulano va a dejar su trabajo porque está hasta el gorro cuando Fulano lleva diciendo lo mismo desde 1998? Nadie. Estos diamantes en potencia han perdido todo su valor.

Próximamente os daré algunos consejos para que vuestras palabras conserven su fuerza y su valor, y para que no tengáis que repetir mil y una veces las cosas.

Podéis ver la segunda parte de este artículo aquí.

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Acerca de Maxi

Psicólogo General Sanitario. Consulta privada.

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