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Eusebia era una señora ya mayor que, entre otras cosas, sufría un miedo muy pronunciado a los dentistas. Llevaba décadas sin pasar por un dentista y, como consecuencia, tenía una dentadura en muy malas condiciones y problemas de nutrición. Por tanto, uno de los objetivos que nos marcamos fue visitar a un dentista y que le “arreglase” los dientes.

No nos interesaba que Eusebia perdiese totalmente el miedo al dentista, sino que fuese dos o tres veces hasta solucionar su problema. No estábamos ante una fobia muy limitante (¿cuántas veces vamos al dentista al año?), así que nos conformamos con que la señora pasase el mal trago lo mejor posible.

Se instruyó a Eusebia en alguna técnica de relajación sencilla. Se trataron sus creencias irracionales asociadas al dentista). Y, sobre todo, se le enseñó la importancia de los auto-mensajes, frases que podemos repetirnos a nosotros mismos antes, durante y después de hacer aquello que tememos. Los auto-mensajes son una forma de animarnos a nosotros mismos y de combatir contra los pensamientos catastrofistas. En vez de pensar “me voy a morir en el dentista”, podremos decirnos algo así como “ánimo que nadie se muere aquí”.

Eusebia fue al dentista. Le pedí que escribiese su experiencia, y ahora la comparto con vosotros:

Cuando estaba en el dentista sentí que me encontraba sola y un poco perdida, me acordé del psicólogo y de mi hijo.

Cuando hice la radiografía no sé qué sentí. No puedo explicar si fue emoción o… no sé.

Delante del dentista contesté a todo. Tranquila y diciéndome: “es posible esto”.

Y ahora escribiendo esto en casa no me lo puedo creer, parecía una niña pequeña a la que llevan a por una chuchería. A pesar de lo que siento por dentro [ansiedad, temor], hay algo más que me impulsó a hacerlo. ¡Yo digo que hay unos ángeles que quieren que siga adelante!

Bueno, yo no vi ningún ángel en la consulta, pero sí destacaría algunas cosas.

  • Fijémonos en que Eusebia sigue teniendo ansiedad y sintiéndose incómoda en el dentista (“no sé qué sentí”, “emoción”, “lo que siento por dentro”, son formas de llamar a la ansiedad). ¡No se trata de ir alegres y felices, sino de ir!
  • La importancia de los auto-mensajes: “es posible esto”, se decía esta buena señora mientras estaba en la clínica, y efectivamente fue posible. Si se hubiese estado repitiendo a sí misma “me voy a morir”, su ansiedad se hubiera disparado y probablemente hubiera huido de allí o ni siquiera hubiera ido. También recurre a pensar en su hijo y en su psicólogo, como técnica de distracción.
  • Al final, Eusebia “no podía creerse” su propia hazaña. Si le preguntásemos más tarde, cuando ya hubiese ido varias veces al dentista, seguramente se lo creería más

Fijaos en los auto-mensajes que usáis diariamente. ¿Os animan u os limitan?

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Acerca de Maxi

Psicólogo General Sanitario. Consulta privada.

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  1. Que bonito relatado, todavía tengo los pelos de punta, supongo porque me veo identificada en muchas cosas. Gracias por compartir su historia, es bonito ver que existen en la sombra superheroínas que luchan por salvarse a ellas mismas :))

  2. MDLP dice:

    Procurare aplicármelo, porque yo también tengo miedo a ir al dentista.

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