Escuchar es una habilidad. Los seres humanos tenemos que aprenderla y entrenarla, lo mismo que andar en bici o resolver problemas de matemáticas. Desgraciadamente, pocas personas han aprendido a ser “buenos oyentes”. Un buen oyente

– hace que su interlocutor se sienta escuchado, comprendido, aceptado;

– realmente entiende lo que le están diciendo, empatiza con ello, capta el mensaje;

– es capaz de pedir aclaraciones, hacer preguntas, resolver dudas, etc.

Hay que distinguir entre escuchar de verdad y simplemente estar oyendo a una persona. Hoy en día hablamos de escucha activa. Cuando estamos escuchando activamente a alguien, estamos prestándole atención de verdad. Es decir, estamos entendiendo su mensaje y también le estamos enviando señales de que lo estamos entendiendo. Cuando simplemente estamos oyendo a alguien, podemos estar pensando en cualquier otra cosa mientras nos hablan. Así, difícilmente comprenderemos lo que nos están diciendo.

Algunos consejos para ser un buen oyente son los siguientes:

No interrumpir y dejar hablar. Si preferimos el sonido de nuestra propia voz a la del otro, será difícil que él pueda hablarnos de algo. Mantener la boca cerrada ayuda a que los demás puedan hablar. Cuando haya que interrumpir, que sea para pedir alguna aclaración o resolver alguna duda.

Mirar a la otra persona. Si orientamos nuestra atención hacia una persona, también orientaremos nuestro cuerpo hacia ella. El que escucha debería mirar de frente, con la atención puesta en la persona que habla.

Dar señales de que estamos escuchando. Estas señales pueden ser asentimientos con la cabeza, usar expresiones como “ah, ya veo”, “sí.. sí…”, “claro”, etc. Así estamos enviando el mensaje a nuestro interlocutor de que estamos siguiendo el hilo de lo que nos cuenta.

No ser crítico. Lo peor que podemos hacer cuando nos cuentan algo es tratar de dar nuestra propia opinión en el acto. Peor aún es tratar de demostrar a la otra persona que nosotros tenemos razón y ella no. Las personas que quieren tener razón a toda costa nunca son buenos oyentes, no escuchan y las demás personas suelen evitar hablar con ellos.

– “Imitar” a quien nos habla, adoptando un tono de voz parecido, una expresión similar, etc. Por ejemplo, si nos están contando algo triste, la persona se sentirá más comprendida si nuestro rostro y nuestra voz reflejan una parte de esa tristeza. También podemos adoptar una postura parecida a la que usa la persona, aumentando así la cercanía con ella. Algunas personas hacen esto de manera inconsciente, y suelen ser los mejores oyentes.

Hacer pequeños resúmenes de lo que nos cuenten. De vez en cuando podemos introducir un pequeño resumen o parafrasear (repetir) lo que nos han contado. Así nos aseguramos de haber entendido bien y se lo demostramos a la otra persona.

Por último, os dejo un vídeo acerca de la escucha activa. Un poco viejo, tal vez, pero resume muy bien todo lo dicho aquí:

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Acerca de Maxi

Psicólogo General Sanitario. Consulta privada.

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